La intención original de sus cinco miembros (Carlos, Grian, Kohinoor, Tom, Conor Curley y Conor Deegan) es denominar al grupo The Fontaines.
Por aquello del personaje de El Padrino, primo de Al Pacino, apodado Johnny Fontane.
Aquel cantante, ídolo de adolescentes, que atraviesa horas bajas y termina por conseguir que su familia mafiosa ampute la cabeza del caballo favorito del productor musical con tal de conseguir su codiciado papel en una peli hollywoodense.
Por temas de derechos de propiedad intelectual (existía ya una banda homónima en Los Ángeles) este nombre no pudo darse; finalmente, la nomenclatura definitiva del grupo radicó en Fontaines DC. Un mix entre el homenaje al personaje padriniano + Dublin City., ciudad natal del grupo.
Enseguida, la banda conectó con su estilo fresco y diferencial. Primero, con la audiencia dublinesa. Luego, con la irlandesa.
Enseguida, su estilo post punk se extendió por las islas británicas. De ahí, el salto fue a Estados Unidos.
Enseguida, Fontaines D.C. conectó con la audiencia joven. Con la Generación Z. A nivel mundial. Globalmente.
Esta conexión comenzó a la antigua usanza. Tocando primero en la calle.
Dando después pequeños conciertos en tabernas dublinesas con apenas un par de decenas de asistentes.
Siguiendo la estela de grandes nombres como Dolores O´Riordan o Van Morrison. Empezando desde abajo. Yendo de menos a más hasta conquistar los grandes públicos. De medio llenar un pub hasta saturar estadios. Y siempre, siempre, con una voz y unos instrumentos que la acompañan. Manualmente. Analógicamente. Orgánicamente.
Desde la publicación de su primer disco, Dogrel, en 2019, hasta el último, Romance (2024) solo han pasado cinco años. Y en este tiempo han pasado de dar conciertos sobre las aceras dublinesas a ser, con Starbuster, el tema central de la exitosa serie Mobland, con Tom Hardy y Pierce Brosnan al unísono como protagonistas estelares.
Sin efectos. Sin distorsiones. Sin grandes manifestaciones en la Super Bowl. Sin acudir al show de Jimmy Fallon. Sin dobles ritmos de reggaeton adheridos. Sin presencia de música latina. Conectando con chavales en 2026 con un estilo post punk de antaño, pero con estética y lenguajes actuales.
Con las redes sociales como apoyo y como red natural de difusión. No como razón de ser ni medio innegociable.
Fontaines DC es Héctor Bellerín escuchando a Elvis Costello. Y disfrutándolo, yendo a sus conciertos y compartiendo sus canciones favoritas via Spotify.
Llegados a este punto, uno se pregunta: con la música como ejemplo y argumento de premisa:¿y si, cada vez más, la vuelta a lo analógico es la base para construir algo de impacto y duradero? ¿Y si volvemos a la pureza de crear artesanalmente un contenido de calidad y sólo quitamos el modo avión del móvil para subir el video y compartirlo en redes y nos olvidamos después de los comentarios? ¿No estaremos distrayéndonos demasiado con el ruido mediático y centrándonos menos en el producto y el mundo táctil?
Quizás sustituir el FOMO por el ROMO haya venido para quedarse. Quizás la IA tan en boga hoy en dia pueda resumirse en Influencia Analogica.
Quizás recuperar el sentido común de los buenos productos artesanales de antes sumados a las necesidades, gustos y tendencias de una Generación Z que compra cada vez más en tiendas físicas sea el camino. Quizás la forma de llegar e influir en los chavales sea brindarles de nuevo conciertos espontáneos en la calle.
Quizás. Solo quizás.
Haz clic aquí para editar.
Canal RSS