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DEQUÉBLOG

El coste de la opinión.

9/28/2026

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Vivimos en un momento en el que parece que cada opinión tiene un coste. Durante años vimos a influencers y marcas posicionándose claramente a favor de la comunidad LGTBI durante junio, apoyando reivindicaciones del 8M, hablando de igualdad, feminismo, medioambiente o de diferentes causas sociales. Algunas marcas convertían incluso esas fechas en parte de su comunicación habitual. Hoy parece que cada vez cuesta más hacerlo. No necesariamente porque hayan cambiado las opiniones de las marcas o de las personas que están detrás de ellas, sino porque vivimos en un contexto mucho más polarizado. Y posicionarse significa también exponerse al rechazo de quienes piensan diferente. Eso plantea una pregunta interesante para el influencer marketing:
​¿Puede un influencer posicionarse sobre todo?

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​Tener una opinión también forma parte de la influencia

Durante mucho tiempo hemos hablado de los influencers como personas capaces de generar confianza porque son cercanas, auténticas y tienen una relación determinada con su comunidad. Pero hay algo que quizá estamos olvidando: una comunidad también se construye alrededor de una forma de pensar. No significa que todos los seguidores tengan que compartir las mismas opiniones. Pero sí que, normalmente, seguimos a determinadas personas porque nos interesa lo que hacen, cómo ven el mundo, qué defienden, qué rechazan o simplemente porque reconocemos una personalidad detrás de lo que publican. Por eso resulta curioso que, al mismo tiempo que las marcas buscan cada vez más autenticidad en los creadores, también parezca existir una tendencia a buscar perfiles que generen el menor conflicto posible. Queremos que tengan personalidad. Pero no demasiada. Queremos que sean auténticos. Pero sin decir algo que pueda incomodar a alguien. Queremos que tengan una comunidad muy implicada. Pero que esa comunidad no sea demasiado específica. Y quizá ahí aparece una contradicción.
​

​El influencer que no se moja nunca
​

Para una marca, trabajar con alguien que nunca se posiciona puede parecer más sencillo. Hay menos posibilidades de polémica. Menos riesgos reputacionales. Menos probabilidades de que una opinión del creador termine afectando a la campaña. Pero también puede ocurrir lo contrario. Un creador que nunca habla de nada que pueda generar debate puede tener una comunidad mucho más difícil de definir. Y si no sabemos realmente qué representa esa persona, quizá tampoco sepamos exactamente qué relación estamos construyendo con su audiencia. Porque el valor de un influencer no está solamente en que consiga que muchas personas vean un producto. También está en por qué esas personas le escuchan. Y eso tiene mucho que ver con su personalidad, sus intereses y, en algunos casos, con sus valores. El problema para las marcas aparece cuando esa personalidad deja de encajar con todo el mundo. Porque una cosa es trabajar con alguien que tiene una comunidad muy concreta y otra muy distinta pretender que ese creador guste a todo el mundo. Pero también hay ejemplos de las consecuencias:

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​Y entonces llegaron las marcas
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Lo mismo ocurre con las marcas. Durante años, muchas compañías encontraron en determinadas fechas y causas sociales una oportunidad para mostrar públicamente sus valores. El mes del Orgullo se llenaba de logos con los colores de la bandera LGTBI. El 8M se convirtió en una fecha habitual para hablar de igualdad. Muchas se crearon alrededor del
ecologismo. Las marcas incorporaron cada vez más cuestiones sociales a su comunicación. 

​Un estudio de Edelman realizado en 15 países encontró que el 60% de los consumidores decía comprar, elegir o evitar marcas en función de sus posiciones políticas. Y un 78% consideraba que las marcas estaban haciendo cosas que podían entenderse como políticas o políticamente motivadas. Es decir: las marcas pueden intentar no entrar en política, pero eso no significa necesariamente que la sociedad deje de interpretar sus decisiones políticamente. Incluso el silencio puede ser interpretado como una posición.


​Cuando una campaña dice mucho más de lo que parece

Un ejemplo reciente es la campaña “Born to Disobey” de Desigual, protagonizada por Vivian Wilson. Sobre el papel, es una campaña de moda en la que Wilson aparece junto a un robot. La campaña enfrenta la libertad, la personalidad y la imperfección humana con un mundo cada vez más dominado por la tecnología, los algoritmos y la búsqueda de la perfección.

  
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​Pero resulta difícil quedarse solamente con eso. Vivian Wilson es hija de Elon Musk, se ha mostrado públicamente crítica con su padre y es una mujer trans que ha defendido públicamente los derechos LGTBI. El robot de la campaña, además, está claramente inspirado en los humanoides que forman parte del universo tecnológico de Tesla. Por eso, cuando Vivian aparece junto al robot y pronuncia frases como “He was designed to obey. Not me”, la campaña adquiere una segunda lectura que va mucho más allá de la ropa. Desigual está utilizando un símbolo muy reconocible para hablar de algo mucho más amplio: obediencia, identidad, tecnología, libertad y la posibilidad de elegir quién quieres ser. La marca no necesita explicar cada una de esas ideas. Precisamente porque ha elegido a la persona adecuada para hacerlo.
​

​La cuestión no es si las marcas o los influencers tienen que posicionarse sobre todo, sino qué ocurre cuando tienen algo que decir y deciden callarse por miedo a perder a alguien. Posicionarse tiene un riesgo: puede acercar a unos y alejar a otros. Pero quizá eso también forma parte de construir una identidad. Porque una marca que intenta gustar a todo el mundo puede acabar teniendo muy poco que decir, y un influencer que nunca se moja puede ser seguro para una marca, pero también fácilmente intercambiable.
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El arte (o no) de copiar lo que funciona.

8/26/2026

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​Hay algo curioso en la creatividad: todos queremos hacer algo diferente, pero cuando encontramos algo que funciona, empezamos a copiarlo.
Pasa en publicidad, en diseño, en música, en cine y, probablemente, en cualquier disciplina creativa. Una campaña funciona y aparecen diez parecidas. Una tipografía se pone de moda y de repente todos los logos son iguales. Un tipo de fotografía funciona en Instagram y durante meses parece que todas las marcas han contratado al mismo fotógrafo.
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No es necesariamente algo malo. La creatividad siempre ha funcionado así. Las ideas no aparecen de la nada. Se alimentan de otras ideas, las reinterpretan, las mezclan y, muchas veces, las mejoran.
La historia del arte es probablemente uno de los mejores ejemplos.
Copiar también es una forma de aprender
Durante siglos, los artistas estudiaron a otros artistas. Aprendieron copiando sus técnicas, sus composiciones, sus colores y sus maneras de representar el mundo.
No hace falta ir muy lejos. El Renacimiento está lleno de referencias, influencias y reinterpretaciones. Leonardo, Miguel Ángel o Rafael no trabajaban en un vacío creativo: estudiaban a sus predecesores y competían, colaboraban y aprendían de lo que otros estaban haciendo.
El problema aparece cuando dejamos de utilizar lo que otros han hecho como punto de partida y empezamos a utilizarlo como destino.
Porque ahí es cuando la creatividad deja de evolucionar.
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La historia del arte también es la historia de romper las reglas: Un ejemplo muy loco es el dadaísmo. 

En plena Primera Guerra Mundial, un grupo de artistas decidió que, si el mundo que les rodeaba había perdido completamente el sentido, quizá el arte tampoco tenía que seguir teniéndolo.
El movimiento Dada nació como una reacción contra las estructuras culturales y sociales de su época. Utilizó el absurdo, el azar, el collage, los objetos cotidianos y el humor para cuestionar qué podía considerarse arte. 

Jean Arp llegó a crear collages dejando caer trozos de papel sobre una superficie y aceptando la disposición que resultaba del azar. Duchamp colgó un urinario en un museo. Hoy estas obras son historia del arte. Pero en su momento eran exactamente lo contrario a lo que se esperaba que fuera el arte.
Y esto nos lleva a la publicidad.

Porque en creatividad existe una tentación enorme: mirar qué funciona y hacer nuestra propia versión.

Lo hacemos porque tiene sentido. Reduce el riesgo. Si algo ha funcionado para otra marca, ¿por qué no podría funcionar para nosotros? El problema es que, cuando todos hacemos lo mismo eso que hacemos deja de funcionar como diferenciador.
​

Y entonces empieza una carrera bastante absurda: todos intentamos destacar utilizando exactamente las mismas herramientas que utiliza todo el mundo para destacar. Resultado: nadie destaca. 
Instagram está lleno de esto. Piensa en cualquier categoría.

Hoteles que utilizan las mismas fotografías de habitaciones perfectas. Marcas de alimentación con los mismos bodegones. Campañas con el mismo tipo de modelo, la misma tipografía y la misma composición. E incluso tus amigos/as que copian la pose de la influencer de turno para sus post de resumen del verano. 

Lo curioso es que copiar lo que funciona es precisamente lo que acaba haciendo que deje de funcionar.

Y aquí creo que hay una pregunta interesante para cualquier equipo creativo:
¿Estamos buscando una buena idea o estamos buscando una idea que ya sabemos que funciona?
No es lo mismo. La primera puede convertirse en algo nuevo. La segunda probablemente ya existe.
Y entonces llegó la IA

​
Aquí es donde la conversación se vuelve especialmente interesante. La inteligencia artificial ha conseguido que producir algo visualmente correcto sea muchísimo más fácil y ha democratizado el diseño y la creación en general. Hoy puedes pedir una campaña, un cartel, una identidad visual, una fotografía o una ilustración y obtener en segundos algo que, a primera vista, parece perfectamente válido.

El problema es que “perfectamente válido” no significa necesariamente “interesante”. Seguro que muchos hemos visto ya un cartel o una imagen y hemos pensado casi inmediatamente: “esto está hecho con IA”. Todos ya reconocemos determinados códigos: imágenes hiperrealistas, personas demasiado perfectas, composiciones imposibles, colores y luces muy concretos… Una especie de perfección visual que, empieza a resultar bastante aburrida.
Y aquí aparece el problema: tenemos más herramientas para hacer cosas diferentes que nunca, pero también más posibilidades de acabar haciendo todos lo mismo. Cuando algo llega a más gente, es más fácil para todos hacer “lo normal” y más difícil —pero también más necesario— para el resto conseguir destacar.
​

La creatividad necesita algo más que una buena ejecución
,
el problema no es utilizar IA. Sería absurdo plantearlo así. La fotografía no mató a la pintura, Photoshop no mató al diseño e Internet no mató a la televisión. Cada nueva herramienta ha cambiado la manera de crear y ha abierto posibilidades que antes eran imposibles.

El problema aparece cuando confundimos herramienta con idea. La IA puede ayudarnos a producir más rápido, explorar caminos o visualizar conceptos, pero si todos partimos de las mismas referencias y buscamos simplemente que el resultado sea “bonito”, probablemente acabaremos llegando a un lugar bastante parecido.
​

Y eso es justo lo contrario de lo que debería buscar una marca. Una marca no necesita ser la más bonita de Instagram. Necesita ser reconocible, tener algo que decir y conseguir que alguien se detenga cuando podría seguir haciendo scroll.
Quizá el futuro de la creatividad sea volver a arriesgar

​
Y aquí también tenemos una responsabilidad como agencias. Porque muchas veces somos los primeros en pedirnos a nosotros mismos que encontremos una idea diferente, pero también sabemos que una idea arriesgada necesita que alguien al otro lado se atreva a confiar en ella.
​

Es fácil copiar cuando vemos que algo ya funciona. Es fácil justificar una idea porque se parece a otra que ya ha funcionado. Lo difícil es apostar por algo que todavía no sabemos cómo va a responder. Quizá el futuro de la creatividad pase por volver a poner en valor precisamente eso: la capacidad de arriesgar. Y por conseguir que este discurso no se quede solo dentro de los equipos creativos, sino que llegue también a quienes toman las decisiones en las marcas. Porque una buena idea puede nacer en una agencia, pero si nadie se atreve a defenderla, nunca llegará a existir.
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La influencia no va de números. Va de confianza.

5/19/2026

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Durante años, muchas marcas entendieron el influencer marketing de una forma muy simple: más seguidores significaba más impacto. Más alcance. Más resultados.
​

Y aunque los números siguen siendo importantes, cada vez parece más claro que ya no son lo más importante.

El sector está cambiando porque el público también ha cambiado. Las audiencias consumen contenido constantemente, detectan rápido cuándo una colaboración es forzada y han aprendido a distinguir quién recomienda algo porque realmente conecta con ello y quién simplemente está haciendo publicidad. En ese contexto, la influencia ya no se mide solo en visualizaciones. Se mide en credibilidad.
No todo el mundo influye igual.
​
Hay perfiles con millones de seguidores capaces de generar muchísimo alcance… y muy poca conexión real.
​

Y también hay perfiles mucho más pequeños capaces de movilizar a su comunidad, generar conversación y provocar decisiones de compra porque su audiencia confía en ellos de verdad.
Ahí está una de las grandes transformaciones del influencer marketing actual: las marcas están empezando a entender que no siempre necesitan al perfil más grande. 
Necesitan al perfil correcto.
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El que comparte códigos con su audiencia. El que habla el mismo idioma. El que genera una relación más cercana y auténtica.
Porque la influencia real no consiste únicamente en que mucha gente te vea, consiste en que la gente te crea.
El problema de obsesionarse con los números.
Muchas campañas siguen construyéndose alrededor de métricas gigantescas: impresiones, alcance, visualizaciones o cantidad de seguidores.

Pero la realidad es que los números por sí solos no garantizan nada.

Una campaña puede tener millones de impactos y no generar ninguna conexión. Y otra mucho más pequeña puede funcionar muchísimo mejor porque el mensaje llega desde alguien que realmente tiene la confianza de su comunidad.

Por eso cada vez vemos más marcas apostando por perfiles de nicho, microinfluencers o creadores con comunidades más reducidas pero mucho más fieles.
No porque sean “más baratos”. Sino porque muchas veces consiguen algo mucho más valioso:  relevancia.
La influencia ya no se activa. Se construye.
Otro de los grandes cambios del sector es entender que el influencer marketing no debería consistir únicamente en “activar perfiles”.

Las colaboraciones que mejor funcionan suelen ser aquellas donde existe coherencia entre marca, creador y audiencia. Las que parecen naturales. Las que encajan dentro del contenido que esa persona ya haría aunque no existiera una campaña detrás.

Porque el público ya no quiere anuncios disfrazados de contenido.

Quiere recomendaciones, historias y personas con las que se identifica.
​
Y eso obliga a las marcas a dejar de pensar únicamente en volumen para empezar a pensar más en afinidad.
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La moraleja.
Quizá la gran pregunta ya no sea cuánta gente puede ver una campaña.

Quizá la pregunta importante sea cuánta gente puede creerla.
​


Porque en un entorno saturado de impactos, algoritmos y contenido constante, la atención es importante… pero la confianza vale todavía más.

Y las marcas que sepan encontrar perfiles capaces de generar esa conexión real serán las que consigan algo mucho más potente que alcance.

Conseguirán influencia de verdad.
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Si haces cosas diferentes la gente te mira diferente.

4/20/2026

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Liquid Death nació para romper las reglas como marca. 
Una marca de agua con un nombre que parece el de una banda de heavy metal, una lata negra con una calavera enorme y un claim que dice “Murder Your Thirst”. Si alguien te hubiera enseñado el diseño antes de su lanzamiento, probablemente habrías pensado que era una broma. O una mala idea. Y, sin embargo, esa mala idea ha acabado convirtiéndose en una de las marcas más comentadas de los últimos años en el mundo del marketing. Y si no la conocías, ya la conoces.
 

Cuando ser transgresor deja de ser un riesgo y se convierte en una ventaja.
Durante años, todas las marcas de agua han seguido las mismas reglas. Botellas transparentes, colores azules, montañas, hojas, pureza, bienestar. Todas se parecían tanto entre sí que era prácticamente imposible distinguir una de otra. Liquid Death hizo justo lo contrario. Cogió una categoría aburrida y la trató como si fuera una marca de cerveza o de música. En vez de hablar de hidratación, hablaba de rebeldía. En vez de parecer saludable, parecía peligrosa. Y en vez de intentar gustar a todo el mundo, decidió hablarle muy claro a un grupo concreto de personas. Ahí está una de las grandes lecciones de marketing: muchas veces no necesitas parecerte a lo que ya funciona. Necesitas hacer algo lo bastante diferente como para que la gente se acuerde de ti.

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El problema no es arriesgarse. Es parecerse demasiado a tus competidores. 
La mayoría de empresas intentan encajar. Miran qué hace su competencia, copian el tono, el diseño, el tipo de contenido y terminan pareciéndose demasiado a todo lo demás. El resultado es una marca correcta, pulida… e invisible. Porque en un mundo en el que vemos miles de impactos al día, el mayor riesgo ya no es hacer algo distinto.
El mayor riesgo es pasar desapercibido. Liquid Death entendió algo muy simple: si todos hablan igual, el que cambia las reglas se queda con la atención.

No venden agua. Venden una identidad.
Lo más interesante de Liquid Death es que, en realidad, el producto no tenía nada especial. Era agua. Pero la marca consiguió que beber esa agua dijera algo sobre ti. Sobre cómo eres, sobre el tipo de música que escuchas, sobre tu humor o sobre tu forma de ver el mundo. No comprabas una lata. Comprabas formar parte de algo. Y esa es otra de las grandes verdades del marketing actual: la gente no comparte productos.
Comparte cosas que hablan de ellos. Por eso hay campañas que se olvidan en dos días y otras que terminan en TikTok, en una story o en una conversación. No porque tengan más presupuesto, sino porque tienen algo que merece la pena enseñar.

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La moraleja: la gente recuerda lo que le sorprende.
Quizá la enseñanza no sea que todas las marcas tengan que parecer una banda de metal. La enseñanza es que intentar hacer lo que hace todo el mundo rara vez es una estrategia. Las marcas que más crecen suelen ser las que encuentran una forma distinta de decir las cosas, incluso aunque al principio parezca una mala idea. 

Las que se atreven a incomodar un poco, a salirse de la categoría y a construir una personalidad reconocible. Porque al final, las marcas que dejan huella no suelen ser las más correctas. Suelen ser las que se atreven a hacer algo distinto. Las que sorprenden. Las que tienen personalidad. Las que consiguen que, horas después, sigas pensando en ellas. 
​

 ¿Hacemos que seas recordado?

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La IA (ó Influencia Analógica)

4/9/2026

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Érase una banda musical que nace en Irlanda allá por el año 2017.
 
La intención original de sus cinco miembros (Carlos, Grian, Kohinoor, Tom, Conor Curley y Conor Deegan) es denominar al grupo The Fontaines.
Por aquello del personaje de El Padrino, primo de Al Pacino, apodado Johnny Fontane.
Aquel cantante, ídolo de adolescentes, que atraviesa horas bajas y termina por conseguir que su familia mafiosa ampute la cabeza del caballo favorito del productor musical con tal de conseguir su codiciado papel en una peli hollywoodense.
Por temas de derechos de propiedad intelectual (existía ya una banda homónima en Los Ángeles) este nombre no pudo darse; finalmente, la nomenclatura definitiva del grupo radicó en Fontaines DC. Un mix entre el homenaje al personaje padriniano + Dublin City., ciudad natal del grupo.
 
Enseguida, la banda conectó con su estilo fresco y diferencial. Primero, con la audiencia dublinesa. Luego, con la irlandesa.
Enseguida, su estilo post punk se extendió por las islas británicas. De ahí, el salto fue a Estados Unidos.
Enseguida, Fontaines D.C. conectó con la audiencia joven. Con la Generación Z. A nivel mundial. Globalmente.
 
Esta conexión comenzó a la antigua usanza. Tocando primero en la calle.
Dando después pequeños conciertos en tabernas dublinesas con apenas un par de decenas de asistentes.
Siguiendo la estela de grandes nombres como Dolores O´Riordan o Van Morrison. Empezando desde abajo. Yendo de menos a más hasta conquistar los grandes públicos. De medio llenar un pub hasta saturar estadios. Y siempre, siempre, con una voz y unos instrumentos que la acompañan. Manualmente. Analógicamente. Orgánicamente.
 
Desde la publicación de su primer disco, Dogrel, en 2019, hasta el último, Romance (2024) solo han pasado cinco años. Y en este tiempo han pasado de dar conciertos sobre las aceras dublinesas a ser, con Starbuster, el tema central de la exitosa serie Mobland, con Tom Hardy y Pierce Brosnan al unísono como protagonistas estelares.
 
Sin efectos. Sin distorsiones. Sin grandes manifestaciones en la Super Bowl. Sin acudir al show de Jimmy Fallon. Sin dobles ritmos de reggaeton adheridos. Sin presencia de música latina. Conectando con chavales en 2026 con un estilo post punk  de antaño, pero con estética y lenguajes actuales.
Con las redes sociales como apoyo y como red natural de difusión. No como razón de ser ni medio innegociable.
 
Fontaines DC es Héctor Bellerín escuchando a Elvis Costello. Y disfrutándolo, yendo a sus conciertos y compartiendo sus canciones favoritas via Spotify.
 
 
Llegados a este punto, uno se pregunta: con la música como ejemplo y argumento de premisa:¿y si, cada vez más, la vuelta a lo analógico es la base para construir algo de impacto y duradero? ¿Y si volvemos a la pureza de crear artesanalmente un contenido de calidad y sólo quitamos el modo avión del móvil para subir el video y compartirlo en redes y nos olvidamos después de los comentarios? ¿No estaremos distrayéndonos demasiado con el ruido mediático y centrándonos menos en el producto y el mundo táctil?
 
Quizás sustituir el FOMO por el ROMO haya venido para quedarse. Quizás la IA tan en boga hoy en dia pueda resumirse en Influencia Analogica.
Quizás recuperar el sentido común de los buenos productos artesanales de antes sumados a las necesidades, gustos y tendencias de una Generación Z que compra cada vez más en tiendas físicas sea el camino. Quizás la forma de llegar e influir en los chavales sea brindarles de nuevo conciertos espontáneos en la calle.
 
Quizás. Solo quizás.
 
 
 
 
 
 
 
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¿Están las redes sociales matando la creatividad de las marcas?

2/26/2026

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Cada día millones de publicaciones se suben a Instagram, TikTok o LinkedIn. Nunca hubo tanto contenido… y sin embargo, pocas veces hemos visto un panorama creativo tan homogéneo.
Si observamos con atención, encontraremos un patrón: mismos planos, mismos guiones, mismas frases, misma música y, en muchos casos, incluso las mismas ideas. Cambia la persona y cambia el logo, pero el contenido es prácticamente idéntico.
La paradoja es interesante: las redes sociales nacieron como el espacio definitivo para la creatividad. Permiten a cualquier creador mostrar su trabajo, descubrir ideas nuevas e incluso colaborar con personas de todo el mundo. Sin embargo, también han generado dinámicas que afectan directamente al proceso creativo. El consumo pasivo de contenido, la comparación constante y los algoritmos personalizados acaban creando una “burbuja” donde vemos siempre lo que ya funciona. Cuando esto ocurre, las marcas dejan de crear y empiezan a replicar.
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El problema no es el influencer.
Existe una crítica habitual: “los influencers ya no crean contenido, solo repiten lo que les dicen las marcas”.
Pero en realidad el problema es más profundo.

Muchas campañas actuales parten de un briefing extremadamente cerrado. Se indica qué producto enseñar, qué frase decir, qué plano grabar y qué mensaje transmitir. El creador deja de ser creador y se convierte en un soporte publicitario. El resultado es previsible: piezas técnicamente correctas pero emocionalmente vacías.
Y la audiencia lo percibe.
El usuario actual reconoce un anuncio en menos de tres segundos. No porque vea la marca, sino porque detecta la falta de autenticidad. El contenido publicitario tradicional ha invadido las redes sociales, pero las redes no funcionan como la televisión. Allí la atención se compra; aquí la atención se merece.















​
El efecto copia.
El algoritmo premia lo que funciona.
Y las marcas, lógicamente, buscan resultados.

Por eso cuando aparece un formato exitoso —un tipo de storytelling, un gancho concreto o una estructura narrativa— empieza a replicarse masivamente. El problema es que lo que funciona para una marca no necesariamente funciona para otra. El marketing no es solo visibilidad, es identidad.
Cuando todas las marcas utilizan el mismo lenguaje visual y narrativo, desaparece el posicionamiento. Y sin posicionamiento, la marca solo compite por precio.

Diferenciarse: una estrategia, no un capricho.
Salirse de la norma suele interpretarse como arriesgar. En realidad, es lo contrario: es reducir el riesgo a largo plazo.
Una marca diferenciada:
  • Se recuerda más
  • Necesita menos impactos publicitarios
  • Genera comunidad
  • Y consigue mayor fidelidad
El contenido interesante posiciona más que el contenido correcto.
Porque las personas no siguen marcas, siguen aquello que les aporta algo: entretenimiento, aprendizaje, emoción o identificación.


El verdadero papel de las redes sociales.
Las redes sociales no están destruyendo la creatividad.
Lo que están haciendo es revelar qué marcas realmente tienen algo que decir.

Bien utilizadas, son una fuente de inspiración, colaboración y expresión. Mal utilizadas, se convierten en un catálogo de copias.
El reto actual del marketing no es publicar más, sino aportar más.
No es adaptarse al algoritmo, sino entender a la audiencia.

Porque en un mundo donde todos vemos lo mismo, la única ventaja competitiva real es ser diferente… pero con criterio.

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Las Jenner - Kardashian

6/7/2024

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Poco falta por decir sobre el vídeo de las hermanas Kendall y Kylie Jenner en el que se les ve brindando con dos Estrellas Galicia, la marca fabricada en A Coruña. Pero queremos dejar constancia en este blog de cómo una acción, aunque sea "casual" y gratuita, pone de manifiesto el poder de los influencers.

Y es que nada es casual. Estrella Galicia ha conseguido esto gracias a que hace una buena cerveza. Que le gusta a la gente y tiene calidad. Pero también gracias a su distribución y a sus comerciales que hacen que esté en muchos puntos de España. Es por eso que las hermanas Jenner pudieron probarlas y es por eso que se originó este video. 

La acción que sucedió en la parte de atrás de un coche cuando las hermanas pequeñas de la familia Kardashian estaban de vacaciones en Mallorca ha conseguido más de 61 millones de reproducciones y más de 3,6 millones de me gusta. Les dejamos el video por si son de otro planeta y no lo han visto:
Pero más allá de la repercusión y lo que ha conseguido este video. - Se estima que hubiera costado unos 2 millones de dólares a la marca - está la imagen tan positiva y renovada que saca la marca de todo esto. Que unas celebrities de este nivel consuman tu cerveza y que la gente la asocie a ellas no está pagado. Y además, como no podía ser de otra forma, lo ha usado muy bien en redes sociales.
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Y eso es todo, ¿a vosotros que os ha parecido? ¿Crees que es posible que la marca continúe con estas dos influencers? ¿Son capaces de una acción futura con ellas? 

​Muchas gracias por leernos. 
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El Poder de los Micro Influencers

3/18/2024

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Suelen ser la elección correcta cuando buscas penetrar en un público muy segmentado a un coste relativamente bajo.



​En la era de los grandes medios, las celebrities y los macro influencers con millones de seguidores la publicidad sufre el mal que siempre la ha perseguido: la saturación.


Las personas han adquirido el hábito casi automático de detectar la publicidad como algo negativo y quitarla o, simplemente, no prestarle atención. Y esto está pasando también en algo tan “nuevo” como son las redes sociales. Cuando un influencer pone la etiqueta de “ad” o habla de un producto de una forma algo impostada la gente detecta que quieren venderle algo y desconectan, pasan la historia, quitan su atención o, en definitiva y como ha pasado siempre, cambian de canal. 

Pero cuando la publicidad, en este caso el marketing de influencia, sufre un bache…suele encontrar algo para intentar sortearlo y no tropezarse. Y esta vez son los micro influencers. 

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Los micro influencers son influencers con menos de 100.000 seguidores que al tener comunidades más pequeñas pueden participar en ellas mucho más activamente. Responden mensajes, charlan de manera directa con ellos y conocen más de cerca a sus seguidores. Y además, suelen tener influencia en un área o en un campo mucho más delimitado y determinado al no llegar al gran público general.

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¿Ya está claro por qué a las marcas les encantan, no? Contar con micro influencers nos asegura penetrar en públicos mucho más concretos y de una forma mucho más precisa. Nuestra marca llegará a menos número de personas, conseguirá menos impactos, pero esos impactos serán de calidad al dirigirnos a un público objetivo y que confía en la persona (para ellos no es solo un influencer) que se lo está contando.   

El precio de un micro influencer es más rentable en relación seguidores/dinero invertido.

Además, y no nos engañemos es algo que es importante y que las marcas miran mucho, el precio de un micro influencer es más rentable si lo comparas solo con los números del perfil. Lo ideal es siempre combinar perfiles grandes con micros y crear una estrategia conjunta que permita conseguir un buen alcance y una buena penetración.

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Otra batalla ganada por los influencers

11/12/2021

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Luego de una crisis vienen los cambios, las adaptaciones a las nuevas normas y la construcción de nuevas cosas. Pero también debemos reinventarnos.

La pandemia ha provocado un giro en la manera en la que las personas se mantienen en contacto. Sobre todo, con las marcas a las que compran. 

En el mundo de la publicidad y el marketing pasó hace poco luego del Covid-19; cambios y retroalimentación de las marcas que hoy en día notamos que se siguen construyendo.

Marcas que vuelven a hacer branding en sus campañas como principal mensaje de comunicación y junto a ello se encuentran los influencers, quienes por su poder de lograr amplificar un mensaje y por el valor de credibilidad, son los protagonistas de difundirlo. 
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Este puesto se lo ganaron plantando en plena crisis sus valores y enviando fuerzas a su audiencia; ahora, tras esa crisis, pueden cosechan sus frutos, y crear una comunidad sólida que les acompaña.
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Esto empezó a darse al notar que comenzaban una especie de “salto a la fama” y a sentir una responsabilidad social más fuerte; los influencers se volvieron más serios y optaron por documentarse antes de comunicar para darle el valor que merecía el mensaje que querían que su audiencia captara. 

Hoy la vocación, la responsabilidad, la humildad y la prudencia son comunes en todos ellos.
​

Ya se dejó de usar a un influencer como un “títere” al que le decimos cuál es el copy y cómo tiene que ser la acción dentro de la story. Hoy, los influencers pisan cada vez más fuerte. Demuestran quiénes son verdaderamente sin “caretas” y sin guión. Aceptan un trabajo por sus valores y elaboran el contenido adecuado pensando en su audiencia, junto al brief de la campaña que ahora es sólo “una guía para actuar”.
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Con esto afirmamos que ya no sólo se trata de usar un influencer para amplificar una campaña, sino también de juntar fuerzas para atacar o defender propósitos para un bien común; es el fruto de una larga batalla...

Como decimos tras cada crisis: “No podemos seguir mirando para otro lado y esperar que otros hagan nuestro trabajo”.

Ahora, hay que juntar fuerzas y lograr el objetivo sin bajar los brazos, sin que nada ni nadie nos detenga.
UNIDOS SOMOS MÁS GRANDES.
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Las series como los nuevos disparadores del consumismo

10/26/2021

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En 2011, ya estaba claro que el streaming era el formato vencedor y la industria se potenció con el nacimiento de los más grandes competidores: Amazon y Netflix. 
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Esto provocó que el nuevo objetivo de Netflix para el 2018 fuera contar con un millón de series y películas propias. A su vez, todo esto hizo saltar la voz de alarma entre las viejas distribuidoras sabiendo que las reglas habían cambiado. Las empresas comenzaron a saber más sobre las nuevas formas de consumo digital y así se vieron obligadas a actualizarse.


Ya no sólo les servía tener al público en una sala durante un tiempo determinado, sino que ahora buscaban su participación y colaboración.
Una nueva fórmula de consumo de ocio y entretenimiento que se suma, y complementa, a las ya existentes, y permite fidelizar al público y llegar a mas espectadores.


Es aquí donde nacen los productos audiovisuales con un modelo de explotación 360º; aquí,  el producto se convierte en un soporte más y crea un universo que aumenta exponencialmente la experiencia como consumidor.
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La oferta de productos transmedia crece para contar una historia a través de varios soportes y construir ese universo narrativo.
Las productoras van más allá de que una serie pueda ganar un premio; ahora, van hacia el futuro para conseguir aún más rentabilidad en los proyectos.
Es decir, aquí gana el que elija la estrategia más adecuada para involucrar al espectador.

​De repente, el consumidor asume un rol activo y se involucra en el producto para saber de qué se trata antes del estreno o antes de darle play a la serie.

 Pero, justo después, también da curiosidad y por eso va más allá buscando involucrarse en las vidas de los personajes.

A través de esta demanda nacen nuevos líderes de opinión y personas influyentes en el mundo digital, ligado al mercado y creando mas ofertas de consumo para los fanáticos.
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Como ha pasado en la serie “Gambito de dama”, con las ventas de tableros y las inscripciones de nuevos jugadores de ajedrez.  O en el caso de “The Witcher”, que potenció las ventas del videojuego The Witcher 3: Wild Hunt.

Pero el nuevo producto latente es la serie “El Juego del Calamar'', otra producción coreana que también deslumbra en lo audiovisual.
Originó un 7.800% de aumento en las ventas de las zapatillas Vans en tres semanas y un fanatismo por la receta de las galletas dalgona en Instagram.
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Y, además, creó una nueva celebrity en el mercado, la actriz HoYeon Jung que se reparte entre las marcas más lujosas, como en el caso de Louis Vuitton, presentándola como la nueva embajadora global de la firma francesa para los departamentos de moda, relojes y joyería.
Estamos sobre la ola del consumismo. Y parece no tener final.
Sigamos sumando contenidos.
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